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Despertar


Dibujo: Freepik
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Normalmente cuando despertamos por la mañana, volvemos una vez más a cargar nuestro “disco duro” con las mismas preocupaciones y angustias de horas atrás cuando nos aprestábamos a dormir. ¿Pero y eso ayuda? Nos ayuda a sumirnos de nuevo en la vorágine de pensamientos desordenados y estresantes para cargar nuestro nuevo día de las mismas y pesadas imposiciones de ayer y volver a sentirnos preocupados y tensos, tristes y nostálgicos, y en el peor de los casos, sumidos en una irremediable melancolía… Entonces es menester a esta altura preguntarnos: ¿y eso ayuda? ¿Nos socorre el volver a tensar nuestro organismo y llenar nuestra cabeza de lo mismo? Pensemos…

Tomemos conciencia de ello y hagamos de nuestro día (hora tras hora) un tiempo alegre, tranquilo, sereno, lleno de paz y de nuevas oportunidades. Abramos nuestra mente a pensamientos, a deseos nuevos que nos permitan recuperar esa paz que no tenemos. Nuestro despertar cada mañana debe estar pletórico de energía, de agradecimiento al Creador por regalarnos un día más. De seguro Él nos lo da para aprovecharlo e iniciar la mañana. No con torrentes de lágrimas ni con mares de preocupaciones y tristezas, sino todo lo contario, llenos de abundantes ganas de vivir la experiencia de un nuevo día. De un día, donde el sol nos ilumine de esperanza y sus dulces rayos destellen también en nuestra alma y nos haga brillar. El sufrimiento y la tristeza quedaron atrás, en ese pasado infinito que no podemos alcanzar ya y mejor dejarlo tranquilo, sin invitarlo a regresar. ¿Y eso ayuda? ¿Nos ayuda traer el pasado al presente?

Veamos con optimismo el futuro porque cada acto que realizamos, es un ladrillo que construye segundo a segundo nuestro día. Si tomamos conciencia de ello, si ordenamos nuestros pensamientos y despertamos por la mañana con ese deseo impoluto de hacer de este día uno mejor, habremos ganado una batalla, y si al menos por un día podemos salir victoriosos, lo podemos hacer un segundo y tercer día… y así sucesivamente, apuntándonos, con esfuerzo, una victoria en esta lucha, en esta batalla salvaje y desigual que tenemos con nosotros mismos cada día.

La vida hay que enfocarla con optimismo, con mucho empeño de querer hacer las cosas bien, de agradecer cada mañana por esa nueva oportunidad que se nos da para hacer de ella algo mejor cada día. ¿Y cómo debemos hacerle frente a las vicisitudes cotidianas? Con la sonrisa de un vencedor y el porte de un conquistador. Cada vez que seamos atacados por pensamientos negativos o por recuerdos ingratos nada edificantes, hagámonos la pregunta: ¿y eso ayuda? De seguro tendremos un auxilio y alivio a la batalla del día.

Gabriel
Dibujo: Freepik
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