Mi Ciudad Saludable

Gracias por…


Dibujo: Freepik
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No siempre es fácil decir “GRACIAS”… mucho menos… convertirlo en un “amigo diario”. Si aprendiéramos a hacerlo siempre, estaríamos acelerando la restauración del mundo.

No es una fórmula secreta pero tampoco es una expresión inútil. Sencillamente es una palabra tan VIVA y REAL, que al pronunciarla, nuestro cerebro reacciona con alegría y amor.

El “GRACIAS” nos rescata y nos recuerda todo lo bueno que tiene la vida, trayendo luz y alejando todo aquello que hemos aprendido: queja, dolor, oscuridad, negatividad…

Según una investigación, la FELICIDAD se puede resumir en: AGRADECIMIENTO.

La práctica de la gratitud ha ayudado a despertar y aumentar emociones positivas, reduciendo la depresión, los temores, los resentimientos, las ansiedades…

El problema es que no siempre viene de forma natural, los pensamientos negativos quieren ser muy fuertes… pero… podemos hacerlo un hábito. Así veremos cómo nuestra vida va abriendo espacio para la alegría y la conexión con los demás.

Hay una serie de prácticas, sencillas en su teoría, pero un reto para todos. Ejercitarnos nos traerá recuperación, empatía y bondad:

1. Cuenta tus regalos: Apunta tres cosas (no importa el tamaño) que salieron bien al final del día y escribe por qué crees que esto pasó.

2. Resta mental: Aprecia lo que tienes en el momento, no sabes si se va y cuándo se va. Una buena práctica es pensar: ¿y si no lo llego a tener más? Es pensar en lo afortunado que somos.

3. Abstenerse: Hay una tendencia en disfrutar y anhelar placeres. Nos adaptamos a ellos y ellos a nosotros. Con el tiempo, es costumbre. Si hacemos una interrupción, nos abstenemos temporalmente (una semana, por ejemplo), para retomarlos luego. Así la emoción y la satisfacción aumentará. Aprenderemos a apreciar todo mucho más. La moderación es mejor para nuestra felicidad.

4. Deleite: Podemos practicar la caminata salvadora. Tomar unos 20 minutos por semana, con una ruta diferente y enfatizando el deleite que pueden apreciar nuestros sentidos: olores de comida, conversaciones, niños practicando actos de bondad, paisajes que calman y refrescan y otro tipo de sensaciones. Esto es sintonizarte con tu entorno y conectarte con gente.

5. Decir gracias de corazón: La expresión a los demás puede ser eléctrica. Esto nos ayuda y ayuda a otros a sentirse valorados y apreciados, además se profundiza en las relaciones sociales. Es ponerlo en nuestro ADN para que este lo distribuya por todo el cuerpo. ¡Que se sienta y lo sientan!

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