Mi Ciudad Actual

Esta es mi historia…


En uno de los parques de algún lugar de nuestra América, mientras disfrutaba una mañana con un delicioso ambiente, estaban dos jóvenes conversando en forma muy amena sobre un tema que me obligó a cerrar el libro que leía y… “obligatoriamente” ponerle atención al tema de conversación:

― Una tarde, mi papá regresaba de un día pesado de trabajar en la finca del patrón, unos señores llegaron y hablaron con mis padres sobre un proyecto para adolescentes. Ellos vieron una muy buena oportunidad. Inmediatamente me lo compartieron y tú ya sabes… podía darme un gran futuro. Realmente me animó para verlo como un cumplimiento de mis sueños: estudiar en un colegio de la capital. Mi papá, hasta me dio un dinerito que con tanto esfuerzo había ahorrado.

― Las últimas noches antes de despedirme de mi familia casi no pude dormir. Había un miedo en mí, pues nunca había ido a la capital. Nunca había tomado un bus y menos por tantas horas.

― ¿Y qué más pasó?, preguntó la amiga.

― Bueno… Cuando llegué a la capital, me sentí muy rara, al momento llegaron los mismos señores y me llevaron a una casa muy bonita en un carro muy lindo y cómodo, de camino me dijeron el nombre del colegio, y los días que iba a estudiar. Por dos meses iba todo muy bien. La computadora la manejaba muy bien, el inglés me costaba mucho…pero ahí iba, esforzándome. No me iba nada mal…

― Todo iba muy bien, pero un día, no sé, eso que uno viene como sospechando algo raro, resulta me dijeron que debía desfilar en ropa interior, exhibir unas joyas, y unos zapatos. Me dijeron que esa actividad era para recoger dinero para aumentar el fondo de becas. Ni modo…lo hice en tres oportunidades…pero no sabía lo que iba a ocurrir en las próximas semanas…

― Un día, celebraron una fiesta, una mujer que estaba en esa actividad, me llevó a una de las habitaciones del lugar, allí había un hombre el cual yo nunca había visto y ¿sabes que me dijo? “mi dinero no es en vano…” Yo nunca había estado con algún hombre. Me sentía sola y con miedo, quería llamar a mi mamá, pero me lo prohibieron. Después de esa noche, comenzamos a vivir en casas distintas y me obligaban a tener sexo con otros hombres. Una vez intenté escapar pero el chofer y el jardinero de la casa me pillaron y me golpearon mucho y no pude escapar.

Después escuché de una organización que ayudaba a adolescentes con situaciones como la mía. Entonces un día, no sé como, pero por milagro, logré escapar y pedirles ayuda. Gracias a Dios aquí estoy contando parte de mi tragedia.

Rafael Sáenz

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